No vamos al bosque a desaparecer. Vamos a mirar desde otro lugar.
Por Costante Mancini ·
Es fácil describir la naturaleza como una huida: un lugar para escapar de la ciudad, la pantalla, el correo. La palabra se entiende, pero creo que engaña. Una huida implica que habrá que volver al mismo sitio, sin cambios.
El bosque ofrece algo más útil que una huida. Ofrece otra escala.
Ser parte de algo más grande
La ecopsicología, en sentido amplio, explora la idea de que nuestra vida interior está moldeada por la relación con el mundo vivo. No hace falta adoptar ninguna teoría para reconocer una experiencia sencilla: entre árboles más antiguos que cualquiera de nuestras preocupaciones, esas preocupaciones cambian de tamaño.
A la montaña no le importa tu plazo. Y en eso hay alivio.
Estaciones, no trimestres
En el Montseny, el mismo sendero es verde y húmedo en primavera, cobrizo en otoño, desnudo y claro en invierno. Allí nada tiene prisa y, sin embargo, nada se detiene. Es una lección silenciosa sobre el cambio que no exige urgencia.
Muchos medimos la vida en trimestres, sprints y plazos. El bosque la mide en estaciones. Pasar un día dentro de ese otro ritmo no resuelve nada por sí solo, pero puede aflojar el control del ritmo en el que solemos vivir.
Volver, de otra manera
La naturaleza no es una cura y no debería venderse como tal. No sustituye la ayuda donde hace falta. Lo que puede ofrecer es perspectiva: la posibilidad de mirar tu propia vida fuera de su marco habitual.
Por eso, en nuestra filosofía, caminar nunca es huir. Vuelves a la misma vida. A veces, simplemente, la ves desde un ángulo mejor.
